Es conocido como el “país de la mañana serena”, pero su capital, Seúl, es una ciudad tan fascinante como bulliciosa. Apenas se pueden dar dos pasos sin encontrar un punto de información turística, una estación de metro o un taxi en esta metrópoli polifacética donde se unen palacios reconstruidos al detalle y mercados nocturnos atestados con los últimos avances tecnológicos. 


No es un país grande (apenas una quinta parte de España) por lo que recorrerla será fácil: cuenta con infraestructuras excelentes que permiten escapar de la moderna Seúl hasta los campos de arroz y las regiones montañosas, incluso hasta las estaciones de esquí rodeadas de bosques. Y por el camino uno disfrutará del encuentro con agricultores y pescadores, humildes bares de pescado y marisco o casas tradicionales de madera (hanoks) en las que alojarse.


Por último, la amabilidad y hospitalidad de los coreanos, de modales exquisitos y un sorprendente protocolo en las formas, invita a visitar este pequeña gran país.




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